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32, 450, 20.000

La cosa va de números. Hace casi dos años escribí una entrada en la que hacía referencia a tres cifras: 1, 30, 10.000. Hoy tocan tres más.

20.000. Este número es el que me hizo recordar aquella entrada. Ya que representa el doble de canciones que por aquellas fechas llevaba escuchadas y registradas en Last.fm. Significa esto que la música sigue siendo un bastión en mi vida, me sigue acompañando como mi banda sonora personal. Dos años más, un montón de artistas nuevos descubiertos, muchísimos discos disfrutados. Completando cada vez más un amplio abanico de géneros y estilos. Haciéndome más ecléctico si cabe y acercándome a la música en sí, a su esencia. Pudiéndola vivir y disfrutar independientemente de la etiqueta o del nombre, sino buscando su belleza externa o más íntima, palpando sus colores, sintiendo su magia ya sea en la sencillez como en el virtuosismo.

450. Estos son quilómetros. No la distancia que separan dos puntos, dos ciudades, dos personas. Es el terreno aproximado que he corrido desde mediados de Marzo de este año. Fue por aquel entonces que tuve un cambio brusco en mi mentalidad al respecto del running, como tomándomelo más en serio. Seriedad en disciplina, en la concienciación, en el rigor. Porque lo que he aprendido en este periodo, o he vuelto a recordar, es que se puede disfrutar haciendo deporte, en concreto saliendo a correr. Un esfuerzo físico que se puede ver abastamente compensando por lo bién que te lo puedes pasar. Sintiendo el entorno, la vida que te envuelve: las calles, los caminos, el cielo, el Sol. Y sintiéndose uno mismo: tu respiración, tu cuerpo, tu corazón. Te hace estar presente, te hace complice del mundo, te hace sentir vivo. Además, te reporta vitalidad, salud, energía, un estado de ánimo mejor, más positivo. Por lo que no sólo mejoras a nivel físico si no que también repercute en el resto de la vida. Al final, el running es como una metáfora de la vida: en la que puedes aprender día a día, puedes mejorar tus marcas o registros, buscar nuevas metas o rutas o sencillamente disfrutarlo porque sí. Tras estos 450 kms soy mejor. Y no sólo como corredor.

32. Bueno, ésta es la más fácil de explicar: es el treinta de aquel entonces más dos más.

Recuerdo de Andorra

Hay quien se trae tabaco. Otros, llaveros. O, incluso, las típicas postales.

Yo me decanté por un whisky escocés de malta de quince años.

Ya lo puedo decir: comida japonesa

Sí, ladies and gentlemen: llegado a este día ya puedo decir que he probado la comida japonesa. He tardado un rato, pero como se suele decir "nunca es tarde si el Sushi es bueno".

Así que ya puedo hablar abiertamente que si Sushi pa'quí que si Sushi pa'llá como todo hijo de vecino. No es que haya ido precisamente al bar-restaurante más genuínamente japonés de la historia, pero para ser la primera vez no está mal para iniciarse.

Tampoco ha sido nada traumático; la verdad es que no sé porque no había probado antes, que es lo que me detenía a hacerlo. El caso es que al fin pude degustar algunos de los platos y alimentos típicos japoneses y estoy contento y satisfecho de ello. Porque no es sólo el hecho de probarlo, sino que me gustó.

Éso significa dos cosas: que añadimos nuevas maneras de entender la alimentación, que la mía es un desastre dicho sea de paso, tanto para el disfrute como por su aportación. Y, por otro lado y más importante si cabe, parecerá tonteria pero es una pequeña (o gran) demostración que no hay que tener miedo a probar cosas nuevas. Que hay caminos y puertas que explorar que te pueden conducir a distintos lugares, que pueden sumar algún tipo de mejoría en tu vida.

Tal vez me he puesto demasiado trascendental por tan solo unos cachos del Sushi ése... En definitiva: buena experiencia, la de comer japonés. Habrá que repetir.

¡Ah! Por cierto: en la misma tongada probé por primera el vino tinto y el té. ¡Toma ya! Sí, vale: que no es nada extraordinario a estas alturas de la película ni impresionaré a nadie con mi azaña; más bién que no lo hubiera hecho hasta ahora... Raro que es uno, ya lo sé. Pero, caray: ¡sushi, vino tinto y té por primera vez en la misma noche!

Objetivo: comer sano

Doce de Septiembre. No es un próposito de nuevo año o de nuevo curso. Tampoco ha ocurrido nada trascendental en mi vida que me llevara a tomar una determinación radical. Es un Domingo cualquiera.

Es algo que hace muchísimo venía pensando: mejorar la dieta para estar saludablemente mejor y, como consecuencia, estar física y mentalmente también mejor. En algún u otro momento me lo tenía que plantear. Así que: ¿por qué no ahora?

Hay que comentar, para empezar y dejar las cosas claras, es que algo así tan fácil para algunos es para mi un auténtica utopía. Digamos que como mal tirando a fatal y que nunca he hecho ningún esfuerzo para redireccionar la tendencia.

Así que el tema está realmente complicado. No es cuestión de días, semanas o meses. Esto va para largo. De hecho, todavía no sé cuándo empezar ni cómo. No tengo ni idea qué hacer o qué pasos seguir. Esta andadura puede ser igual de innovadora, como divertida, como desconcertante y dura.

Tal vez anoche hubo un pequeño atisbo de lo que puede ser comer algo diferente. Alguna persona humana agradable me comentó que se puede comer sano y guarro a la vez. Por ahí sí que veo camino fácil. Aunque todavía no estoy del todo convencido de la certeza de ello...

Un nuevo reto que me propongo y que no sé donde me llevará, si es que me lleva a algún sitio... Pero escribiéndolo aquí es como repetírmelo en voz alta: le da un toque de seriedad y convicción que hace creérmelo un poco más, además de adquirir un compromiso público más fuerte conmigo mismo.

Sun is shining for me

Después de haber compartido algunos buenos vídeos en el blog, hago un alto en el camino: es Domingo por la mañana, hace un Sol espectacular y saldré un momento a la terraza a disfrutarlo. Ya hace rato que me está llamando y me apetece un montón.

¡Cuánto tiempo!

Ya hace un rato que no escribo por aquí; desde Junio que no lo hago. Es la primera vez que pasa un mes entero sin soltar ni una triste chorradita desde que creé el blog.

No es por falta de interés, ni de ganas. Ni siquiera descuido u olvido. Más bién es aquella sensación, ya recurrente, de no ser capaz de ponerse delante del teclado y contar algo decente. Como una vergüenza especial para contar cosas. Un tanto absurda, sí, pero està. Y el tiempo va pasando y el polvo lo va cubriendo hasta que medio te olvidas de esta sensación; pero también de las ganas de escribir...

Echo de menos escribir, echo de menos ese gusanillo. Esos momentos en los que abres una pequeña compuerta por la que expresarte. Te hace sentir vivo. Te pone en contacto de una forma diferente con el exterior, a lo que te rodea. Es como un grito al cielo. Tal vez nadie te oye, pero te quedas a gusto dándolo, sacando éso de dentro ti.

Habrá que ponerle remedio. Me apetece. Tengo ganas, muchas. Quiero volver a escribir, de contar un montón de cosas. De lo divino o de lo humano. Hablar al silencio o a cautelosos oyentes.

Vuelvo a estar entre el Cielo y el Infierno.

Bladerunners toman el Circuit de Catalunya

16 de Mayo. Domingo. Mañana soleada. Montmeló-Circuit de Catalunya. 10:00 h. 10 Kms por delante...
... 11:00 h. 10 Kms en la piernas. Orgullo, satisfacción, plenitud. Nueva azaña. Nueva demostración de superación.

Los Bladerunners han atacado de nuevo.

Qui ho anava a dir? Del Molí d'en Rovira a Montmeló! (59:46!)

Pequeño gran logro personal

Igual parecerá una nimiedad, algo muy poco trascendental, pero estoy muy orgulloso de haberlo logrado. Lo conseguido es algo muy especial.

La semana pasada conseguí salir a correr cuatro días, algo que nunca antes había hecho. Y poniéndonos tiquismiquis y sacar así más pecho, podría decir que realicé cuatro salidas no en una semana sino en sólo cinco días. Vamos, una pasada. Una machada o algo histórico para mi. Ya que lo máximo que había hecho anteriormente eran tres días y cuando gozaba de muchísimo más tiempo libre.

En números, fríos, serían un total de veintitres kilómetros en poco más de dos horas y media. Cuatro días diferentes, con unas rutas cortas y otras más largas, con diferente tipo de intensidad, velocidad, exigencia o dificultad, con distintos terrenos y desniveles. El promedio ya sé que no es muy elevado. Para corredores avanzados (no hace falta mucho más) la misma distancia o recorrido la podrían hacer en mucho menos tiempo y acumulando más kms. a la semana. Pero para mi es algo brutal salir a correr cuatro días y hacer tanto "trabajo".

Físicamente es algo muy grande, una barrera superada. Algo impensable cuando hace unos años sólo podía correr a penas diez minutos al día dejando pedazos de corazón por las esquinas y cachitos de pulmones por el asfalto para acabar con un cuerpo destrozado...

Una demostración que puedo hacerlo, que está a mi alcance. Y que puedo ir todavía más allá. Me motiva, me estimula para ello.

Pero lo realmente importante aquí no está solamente a nivel físico. De hecho, difícilmente podré repetir azaña. Ésto ha sido algo excepcional. Ya que actualmente salgo a correr sólo un día a la semana por temas de actividades y horarios. Aunque si que hay la intención de salir una segunda vez si se puede. Pero la cosa seguirá por ahí, sin machadas de cuatro días como ésta. Buscando, eso sí, superarme, mejorar mis distancias y tiempos todo lo que pueda.

Lo significativo es haber conseguido algo que pensaba que no podía lograr. Y más que éso, empezar con una motivación previa en mi interior, muy grande. Una motivación surgida de querer hacer algo así; de buscarlo partiendo de la base que me lo creía. Una motivación que me llevó a probarlo. Quería hacerlo. Y lo hice.

Esta motivación era muy grande. Como decía en una entrada más atrás, me ha sorprendido que así fuera en unas semanas de altos y bajos y algunas dudas de por medio. Pero me lo he creído. Ha surgido ese espíritu de superación.

Una demostración no sólo física, sino una demostración de uno mismo y a uno mismo a cualquier nivel. Demostrándome que puedo hacer grandes cosas si me lo propongo, si voy a por ello, si creo. Demostración de que no hay excusas que valgan. Porque ésa es otra: estos días me he sentido muy a gusto corriendo, con muy buenas sensaciones. A pesar del esfuerzo y de las engorrosas agujetas, he disfrutado con la actividad. Me he sentido vivo. Por lo que no hay que buscar excusas o justificaciones para no sentirse así, para no hacerlo.

Si algo quieres, si algo te hace sentir bién, no dudes en vivirlo. Si algo te hace crecer, te hace mejorar, no dudes en creer e ir a conseguirlo.

El resultado de de estos días corriendo no ha podido ser mejor. Físicamente me siento más activo. Lo que me hace estar con un estado de ánimo general mejor, más positivo. Algo que ayuda a estar también más fresco, más despierto, más ágil. Aquello de "mens sana in corpore sano", ¡qué cierto es!. A la vez, uno se siente más relajado, se quita de tensiones y estreses.

Por otro lado, es un logro que me deja tranquilo. Una satisfacción y orgullo personal muy grandes. Por conseguir algo que dudaba que podía hacer. Y porque una vez conseguido me demuestra y motiva para seguir adelante, para esforzarme a superarme. No sólo a nivel físico, claro. Porque ahora creo que puedo conseguirlo. Se puede mirar adelante con optimismo; con una gran motivación y estímulo. Con muchas ganas e ilusión. Sin absurdos límites impuestos, sino sabiendo lo que se quiere, cuales son tus prioridades, que es lo que te gusta y que es lo que te hace sentir bién.

En esta carrera personal de largo recorrido, puedo dejar de tener la mirada fruncida mirándome los pies y quejándome continuamente de lo duro y aburrido que es estar pasando por un túnel. Puedo creer en mi mismo, mirar hacia adelante y ver, tal vez no todo el camino, pero por lo menos sí un buen cacho de él. Saber que ya se ha hecho un buen tramo, que algo se ha avanzado. Y que lo que queda atrás ayuda a ir adelante, a seguir avanzando, caminando o corriendo, incluso tomarse un respiro si hace falta. Pero siguir creciendo, mejorando. Un camino sin meta y sin prisas, pero que se puede y hay que recorrer.

Disfrutándolo, viviéndolo. Sintiendo el terreno en cada pisada, escuchando los pajaritos del día soleado, respirando el aire puro, gozando de los arroyos, las colinas, la arboleda... Disfrutando de la vida. Evolucionando y creciendo. Sonriendo.

Éste ha sido un pequeño paso para cualquier atleta pero un gran paso para Pyros, de la noble hermandad de los Bladerunners.

Ha vuelto el "Espíritu Bladerunner"

Pues sí, amigos. Ha vuelto el Espíritu Bladerunner a mi vida, a mi YO. Y... ¿qué es eso? El orígen de dicho espíritu viene de tiempos inmemoriables, cuando un par de héroes anónimos conquistaron el mundo. Se subieron a su trono, miraron al su alrededor con una sonrisa de felicidad y desde lo más alto fueron conscientes de todo el poder que emanaba de sus interiores y de todo lo que eran capaces de lograr si se lo proponían.

Pero sin volver nostálgicamente la vista demasiado atrás y permanecer sobriamente en el presente, vendría a ser ese afán de superación que se puede despertar en cada uno de nosotros. Esas ganas de lograr objetivos, de alcanzar metas, de superar el listón cada vez más alto. Darse cuenta de la energía y la fuerza que reside en el interior de uno mismo. Mirar hacia adelante e ir a por ello, convencido, motivado, animado... sonriendo.

No sólo hay que tener esa motivación, esa iniciativa, esa predisposición. No vale sólo con ponerse en marcha y ya está. Hay que canalizar toda esa energía. Mantenerse ahí, permanecer, seguir adelante pase lo que pase. Superar los primeros y duros pasos y empezar a marcar grandes zancadas. Seguir evolucionando sin parar. Ir más allá.

Porque así es como me siento ahora. Tras unas semanas de idas y venidas, de altos y bajos, de motivación y dudas, de puedo o no puedo... Ahora estoy con todo el entusiasmo y motivación necesarios. Entre ayer y hoy me he demostrado a mi mismo que puedo. Si me lo propongo, si creo en ello. Estoy inmensamente satisfecho, me siento pleno, me siento bién.

Pero, como digo, la cosa no puede quedar aquí. Si sólo doy este primer paso y todo seguido me paro a sentarme en sofá, este primer esfuerzo habrá sido en vano. Una ilusión, una visión de un oasis en medio del solitario desierto. Empezar para no acabar como siempre...

Los primeros pasos son los más duros y vienen tiempos difíciles. Y hay varios caminos que empezar, varias rutas que estudiar y andar por delante. Muy largos y complicados, incluso muy desconocidos para mi. Pero ahora, mirando desde este punto de partida, no me asusta, no me voy a echar atrás. He tomado la determinación, me atrevo. No sé hasta donde llegaré ni como lo haré, pero esos caminos me piden a gritos que los recorra, uno a uno o todos a la vez. Tengo ganas e ilusión.

Ha vuelto el Espíritu Bladerunner.

Y siguen ahí

Fantástico Sol el que hacía esta mañana. Y sentado en mi habitación mirando por la ventana me ha dado el ramalazo de subir a la terraza a disfrutarlo. Mucho tiempo ha pasado desde la última vez; de la última vez en la que me impregné de la energía del Astro Rey y... escuchaba a los pajaritos.

Hoy me he vuelto a asomar. Y mirando hacía arriba me volvía a encontrar a esa estrella mirándome, cómo esperando que volviera a subir durante mucho tiempo. Y, afinando algo el oído, volvía a escuchar a los pajaritos, que no han dejado de cantar hasta ahora.


Han sido sólo unos segundos, no más, pero me he vuelto a llenar de esa energía cálida y poderosa del Sol mientras me dejaba llevar por el cántico de los pajaritos.

Es incomprensible, lo sé. Pero cuesta subir a la terraza. Y cuesta aún más ser capaz de abrirse al Sol y no dejar de escuchar a los pajaritos. Ya digo, sólo unos segundos... Agradable y fascinante sensación mientras soy capaz de conseguirlo. Me siento parte partícipe de lo que me rodea, siento que formo parte del conjunto del Mundo, del Universo. Palpo la vida a mi alrededor. Siento una conexión especial con todo ello. Me siento vivo...

Pero, ¿sólo unos segundos al año? ¿No soy capaz de más? ¡Maldita sea! Cuánto trabajo queda por delante...

Vive y deja morir

En los últimos días he escuchado en un par de ocasiones la expresión "vive y deja vivir". Y mi cabeza automáticamente asoció el elemento musical correspondiente. Así llegamos a este clásico compuesto por Paul y Linda McCartney: Live and Let Die. Una canción con muchísima fuerza y con un mensaje bién claro y contundente.

Podría poner el vídeo de la versión original de Paul. Pero yo le doy una vuelta de tuerca más. También hace unos días hablaba con un amigo de como los Guns N'Roses entraron en mi vida cuando a penas era un crío. Un encuentro con el Rock N'Roll que me impactó de sobremanera, por su música, su estilo... fue como descubrir un nuevo mundo. Un abrir las puertas al tipo de música que me ha llegado a apasionar y que ha hecho que la música fuera la banda sonora de mi vida.

Tampoco pondré el video oficial que los GNR realizaron en su día versionando la canción. Si no que adjunto parte de un mítico concierto en Paris que realizaron en el año '92, en su afamada y majestuosa gira del Use Your Illusion I-II. Un concierto que fue de lo primero que vi de ellos y que precisamente me dió a conocer esta canción de la que hablo.



Como curiosidad, recuerdo que este tema estaba en la banda sonora de una película, donde John Cusack (algún día hablaré de él) hacía de asesino. Si mi memoria no me falla, había una escena en la que sonaba la versión de los Guns, pero cuando el protagonista entraba en una tienda, la música aflojaba y creo que sonaba la versión original de Paul.

Por si a caso, para los que les pueda interesar, os dejo también el enlace al tema cantado por el propio Paul. Y la sencilla y espectacular letra:

Ya para acabar, comentar que con esta entrada estreno nueva etiqueta: Momentos musicales. No es mi intención llenar el blog con vídeos de música ni mucho menos. Ya de por si se habla mucho de la música aquí y de diferentes maneras y si mi pongo podría saturar esto de manera innecesaria. Pero sí que de manera puntual, como es el caso, y me apetece, me gustaría compartir algunas canciones o momentos musicales, por la razón que sea, con el resto del mundo.

Y por hoy es suficiente

He empezado a escribir alrededor de media noche, a l'hora de les bruixes, y ya son bien pasadas las tres de la mañana. No está nada mal. Habían muchas ganas de escribir y he podido saciar esa sed quedándome a gusto con todo lo que escrito. Creo que nunca había escrito del tirón tanto por aquí.

Quedan cosas por contar todavía, nuevas entradas que están en mi cabeza. Pero, por hoy es suficiente. Tal vez mañana, o en los próximos días... No lo sé. Cuando apetezca y sea el momento volveré a dejarme ir un poquito más.

Unos días en San Sebastian

De nuevo aprovecho mis vacaciones para visitar esta fantástica ciudad. Es fascinante, es encantadora. Lo tiene todo. Es La Ciudad.

Y, otra vez, he mirado de coincidir con el festival de Jazz que se celebra cada año, el Jazzaldia. En los pocos días que estuve no pude ver demasiado del festival. Pero, si que había una visita obligada (y recomendación desde ya para todos) y ésa era el local Altxerri. Un lugar de los que a mi me gusta, donde hay música en directo bien entrada la noche, donde se crea un atmósfera especial, mágica. Donde la música es tan próxima y cercana que está al alcance de la mano. Donde hay tanta intimidad y complicidad que se puede escuchar con los ojos cerrados. Un rincón de San Sebastian donde pasar buenas veladas. Tanto me gusta el lugar, que de cuatro noches tres acabaron allí.

Pero, curiosamente, el apunte musical a modo anecdótico que voy a hacer no será de Jazz. Ya que el tercer concierto al que asistí era de música tradicional polaca. Antes de empezar tenía mis reticencias. No porque me imaginara que me fuera a desagradar sino porque la intención y las ganas eran de Jazz. Pero, el grupo que tocó, los Lubliner Klezmorim, resultaron una agradable sorpresa. No era lo que incialmente esperaba ver, pero acabé disfrutanto de su música e incluso de su diversión.

Metallica en el Sonisphere

Tras la experiencia de Zaragoza me quedé con unas ganas tremendas de ver a un gran grupo en directo. Por suerte, a los pocos días pude saciar mi sed musical asistiendo al Sonisphere, festival itinerante que visitaba seis ciudades europeas.

Esta vez sólo me tuve que desplazar pocos kilometros de mi casa, era en Barcelona. Por lo que no había riesgo de periplo angosto. Además, se celebraba en el Forum; un recinto que para este tipo de eventos o conciertos sería muy aprovechable.

El festival o el cartel en sí no me atraía demasiado. Sólo había una buena razón para asistir y esa era Metallica.

Hace un año los pude ver por primera vez en vivo. Entonces fue en Getafe y por aquí ya dejé un poco de crónica. ¿Cuál es la diferencia des de entonces? Pues, que los californianos han sacado un buen disco. No a la altura de su grandes clásicos y que les convirtieron en unas bestias del escenario heavy, pero si muy por encima de los últimos. Por este motivo, el público les esperaba todavía con más ganas de verlos.

Porque, con nuevo disco, con nuevas fuerzas, ofrecerían lo que les faltó hace un año: mala leche. Energía y fuerza para arrollar al público, volver a ser la apisonadora que tema tras tema destroza a la audiencia. Porque con sus grandes y legendarios clásicos y ese punto de rabia y fiereza pocas bandas les pueden igualar.

Así que pude disfrutar desde el cañonazo inicial de Clint Eastwood hasta el último grito del Seek & Destroy. Con Enter Sandman, Sad But True, Master of Puppets, Fade to Black entre otros de por medio de las dos horas que duró. Y volviéndome a emocionar con el Nothing Else Matters y One.

Gran concierto que me dejó muy satisfecho. Y que, a falta de sorpresa, cierra el trío de Ases de este año: Judas Priest, AC/DC y Metallica.

Más infierno que cielo

Hace ya unas semanas hice una de mis escapadas musicales. Me iba a Zaragoza a gozar de una gran jornada en el Metalway.

Tres eran los motivos que me llamaron a desplazarme. En este orden: Saxon, banda que ya había visto tres veces pero que no me cansaré nunca de escucharlos; el gran Jon Oliva en solitario. Pero, como gran atracción, principalmente iba a ver a Heaven and Hell, o los que para muchos siguen siendo los míticos Black Sabbath de la época Dio.

Ya me perdí la reunión que realizaron hace un par de años. Y con el lanzamiento de su nuevo y gran disco no quería perderme esta oportunidad tan cercana.

Así que a Zaragoza me fuí, muy ilusionado con el acontecimiento. Pero lo que tenía que ser un día en el cielo se fue tornando hacía el infierno: se suspendió su actuación y yo, y otros miles de aficionados que se habían desplazado expresamente a verles, nos quedamos a dos velas en medio del fuerte vendaval.

Mi relación con Zaragoza, a nivel musical, parece que está muy reñida: hace un par de años la atracción era Ozzy Osbourne. Al margen me hubiera gustado pasar todo el día por allí escuchando otros grupos y disfrutando del festival. El caso es que por temas "lógisticos" llegué al recinto poco antes de su concierto por lo que poco pude ver del resto. Además, el Príncipe de las Tinieblas es de los que de su quinta peor se conserva, con mucha diferencia... y su actuación quedó algo deslucida. Encima, al salir hubo que soportar el fuerte frío esperando durante un par de horas un bus hacía la capital aragonesa.

El año pasado ya tenía mi entrada y mi billete para ver a los Iron Maiden y justo en la mañana que tenía que salir hacia allá un amigo me avisaba que se suspendía el festival porque una fuerte tormenta había tirado buena parte del escenario y de los equipos.

Así que este año sabía que me arriesgaba de nuevo a afrontar la maldición. Pero, Black Sabbath es mucho Black Sabbath. Y yo no me pude resistir a la tentación...

Mirando el lado positivo, me quedé sin la principal actuación, pero disfruté de lo lindo con un Jon Oliva en plan más Savatagiano posible. Recuperando grandes temas de su banda de toda la vida. Un artista que a mi me apasiona. Pocos me pueden transmitir como él. Y lo pude gozar en directo, viendo como se desgarraba la voz delante de mi.

Y, por otro lado, ahí estaban Saxon. Esa banda que siempre cumple, da igual a que hora toquen y en que condiciones. Siempre dan lo mejor que tienen, que es mucho. Tocaron más de lo esperado. Y la cantidad de temas clásicos que tocaron fue considerable. Ellos fueron quienes levantaron el ánimo caído de todos los que estábamos congregados allí.

Por lo que, a pesar de quedarme sin Black Sabbath, pude disfrutar de dos grandes conciertos y del buen rollo de la gente que se puede conocer en estos eventos.

Y ¿el próximo año habrá Zaragoza? Igual me tengo que comer las palabras que voy a decir. Pero, como no mejoren muchísimo las condiciones y la organización del festival (que dudo que el tema meteorológico lo puedan solucionar...) y traigan no un gran grupo como cabecera sino todo un cartelón, dudo que repita...

Aquí estoy de nuevo

Llevaba unos días, por no decir semanas, sin decir nada por aquí. Ya me suele pasar: tengo épocas en las que me cuesta entrar, en las resulta más difícil explicar cosas. Los motivos pueden ser diversos, pero las ganas nunca faltan.

Como decía Javier Capitán hace unos días en su blog al respecto: "es curioso que me calle cuando estoy aprendiendo a hablar". Y es como lo siento yo: puedo tener la vena escritora, considero que tengo mucho que contar y más últimamente. Y cada vez me encuentro más a gusto haciéndolo. Incluso pienso que lo voy haciendo mejor, que voy aprendiento más si cabe en las formas de expresarme. Hay más comodidad, lo disfruto más.

Pero, como digo, sin saber del todo el por qué, hay rachas en las que cuesta darle a estas para mostrar algo de mi al mundo o, simplemente, mostrar algo de mi porque quiero, porque necesito decir en voz alta lo que pienso...

Antes esa sensación de no escribir, de dejar temas pendientes cuando habían ganas me podían hacer sentir mal. Era como arrastrar un peso que hasta no volver a escribir no desaparecía. Pero, he aprendido a no cargar más con ese peso, he tomado conciencia que escribir aquí es algo mío, algo que principalmente hago para mi, aunque luego algún despistado pueda leerlo. Así que, esa preocupación de no escribir ha ido desapareciendo y al no haber carga hace no que sea más difícil retomar el sendero una vez más por mucho tiempo que pase. No se si queda muy claro lo que quiero decir, pero ¡dicho está!

Así que, aquí estoy, reencontrándome con mi Yo escritor. Y como diría aquélla: esta noche la voy a liar parda.

A veces...

... cuesta ponerse aquí a escribir. Y es difícil de entender y lucho para que no pase. Pero la falta de tiempo, el cansancio físico o mental hacen mella. Tal vez le doy demasiada importancia a escribir unas pocas palabras, unas líneas que en realidad no la tienen; y quiero hacerlo bién, quiero buscar el momento oportuno para hacerlo. Entonces los condicionantes anteriormente mencionados aparecen y no me acabo de sentir cómodo, no acabo de ver esos momentos oportunos.

No es por falta de ganas ni de ilusión. Todo lo contrario, porque hay ideas y motivación. Por eso escribo ahora aquí expresando lo que veo, para decirlo en voz alta y ser, de este modo, más consciente. Porque puede ser que sólo sean excusas, que me cueste ver que en realidad esto es más fácil de lo que me entesto a creer. Porque escribo para mi, porque quiero; entonces no le debería dar la mayor importancia si lo hago bién o no. Aunque claro, uno siempre pretende hacerlo lo mejor que sabe... Simplemento si me apetece debería hacerlo, sin más.

Hoy me ha dado el ramalazo escritor que tanto me gusta. Y eso que he pasado una noche un tanto rara sin dormir demasiado bién y que acabo de desfondarme físicamente a lo bestia saliendo a córrer. Por lo que queda demostrado que pese a todo mis pocas neuronas son los suficientemente capaces de currar si se lo proponen. Habrá que converlas más a menudo...

Tengo ganas de escribir, a ver que va saliendo hoy. Pero, sobre todo, a ver si me lo acabo creyendo y consigo escribir cuando hay algo que escribir. No quiero quedarme cosas adentro, temas pendientes, ni que todo se vaya arrastrando creando una bola y que las rachas de muchos días sin escribir hagan que me cueste todavía más arrancar como ha sucedido a menudo.

Quiero escribir y lo haré.

Maneras alternativas de entretenimiento

Repasando algunos eventos de los últimos meses a los que he asistido he recordado dos que sobresalen del resto. Tal vez no son los más importantes ni los más grandes; pero si destacan por algo es porque son diferentes, diferentes para mi. Y al ser diferentes y haberme gustado se han convertido en algo especial también.

El primer hecho se trata de ir al circo. Fue hace ya unos cuantos meses, en la escapadita a Madrid. La verdad es que es unn poco raro que a cierta edad uno vaya al circo. Y más extraño aún si se puede llegar a sentir y disfrutar como un niño. Porque así fue, la ilusión previa y el goce al vivirlo era la de un niño. El retorno a la infancia, a la inocencia. Disfrutar de un espectáculo que me alegró la vista y los oídos sin esperar nada absolutamente, sólo dejándome llevar por el fluir del show.

Claro que no se trataba de un circo convencional, sino del Cirque du Soleil con el montaje Varekai. Por decirlo de alguna manera es la mejor manera de adaptar el circo tradicional al Siglo XXI, de convertir un espectáculo para niños en un representación para todos los públicos. Realmente es algo increíble. Es algo envolvente por su magnitud, su capacidad de llenar el escenario de punta a punta con una gran variedad de números e interpretaciones encadenas; así como la excelente música en directo que nos regalan a los oídos. Es fascinante la caja de sorpresas que se abre delante de nosotros; te genera la misma sensación que pueda tener un niño...

El otro evento es más reciente, sólo hace unas semanas. Y se trata de teatro; concretamente de la obra: Las manos blancas no ofenden de Calderón de la Barca. Si anteriormente decía que era raro que a estas alturas fuera al circo, ahora tengo que confesar, con cierta vergüenza, que esta era mi primera obra de teatro, al menos la primera que voy voluntariamente y no por dictámen del colegio...

Ya he comentado que los dos eventos fueron especiales. Por lo que no hay que ser muy avispado para adivinar que esta obra clásica también me dejó muy safisfecho. Puede sonar muy obvio, pero la sensación principal que tuve es la de algo muy vivo; ¡ya he dicho que sería obvio! Pero sí, es eso: estás delante de personas reales que están interpretando para ti, no delante de un pantalla, y sabes que no hay red de salvación (ahora que hablamos de circo) que el director si la toma sale mal no gritará que se pare y que lo repitan. Todo tiene que salir bién a la primera. Y en ese sentido cumplieron de sobras. Me dejaron impresionado por la historia, la puesta en escena y por las interpretaciones de los grandes actores con sus poderosas voces.

Así que a los cines y a los conciertos, he añadido otras maneras de disfrutar de algunos espectáculos, que espero repetir.

El Sant Jordi: la puerta al Infierno

Día lluvioso, un sol escondido tras las amenazantes nubes negras. Cansancio, frío, lluvia; nada es apetecible hacer en un día así. Pero, hay que subir a la montaña; hay que hacer el peregrinaje hacia el santuario del Sant Jordi en busca del deseado, durante mucho tiempo, maná. El camino es largo y angosto, pero ya estamos a cubierto, a salvo de la tormenta. No hay que preocuparse por nada, tan sólo cabe esperar.

Se hace la oscuridad, se hace el silencio. Ya vienen. Sentimos sus vibraciones, se hacen notar sus rugidos. Se acercan, cada vez más. El tren de la locura viene a toda marcha, tirado por la locomotora infernal. Nada ni nadie lo puede parar. El estrépito de sus ruedas sobre los raíles son como cuchillas en los oídos. No dejan de alimentar el fuego de la locomotora con buenas dosis de carbón. Más rápido, más potente. Una máquina imparable. Lo inevitable sucede: en el furor y éxtesis del loco viaje, el tren descarrila abriendo una puerta dimensional y apareciendo en nuestro santuario. Los Dioses han llegado.

Empieza el ritual con el Rock N'Roll Train, como no podía ser de otra manera con tal aparición en escena. El sonido es ensordecedor, bestialmente elevado para que todas las almas sean entregadas. Brian Johnson dirige la ceremonía. Pero el que mueve los hilos, el cabecilla, la mente pensante, el auténtico gurú es Angus Young. Con su guitarra afilada hace las delicias de su legión de fans sumiéndolos en un estado de catársis a lo largo de dos horas y arrastrándolos hacía el lado oscuro. Rejuvenecidos tras pactar con el diablo, su entrega y hambre a victoria es total.

Nos recuerdan que han vuelto de negro con el Back in Black. Con el inicial riff del Thunderstruck nos regalan un estremecedor trueno que se inserta directamente en nuestros corazones. El ambiente está muy caldeado, la temperatura sube sin cesar. Todo está al rojo vivo, la llama no se puede apagar. Un poquito de hielo vendría bién, pero hielo negro, Black Ice. Tiempo de jugar a póquer, en una partida desigual donde ellos tienen todas las cartas bajo las mangas, tienen las de ganar con The Jack. A lo lejos suenan las campanas, no son las campanas de la Catedral que cantaban Medina Azahara. Son las campanas del infierno que repican marcando nuestro destino, Hells Bells. Con War Machine, nos cuentan como tendrían que ser las guerras: de guitarras, música y chicas bellas. Nos sacuden de lo lindo con el You Shook Me All Night Long. Y con una buena dosis de dinamita, de explosivos colocados en todo el pabellón, se produce la gran explosión de la noche: T.N.T.

No hay vuelta atrás, la puerta del infierno está bién abierta de par en par, y uno tras uno van cayendo las almas en sus manos. Para presentarnos a una chica muy mala en Whola Lotta Rossie. Y finalizar con chulería, con la suciedad rockera, con la esencia de todo; si el inicio era la oscuridad y el silencio, llegó la hora de una nueva génesis, Let There Be Rock; Brian gritó: qué se haga la luz! Y la luz se hizo. Gritó: qué se haga el sonido! Y el sonido se hizo. Siguió con un: qué se hagan los tambores! Y los tambores surgieron. Continuó con: Qué se hagan la guitarras!! Y sí, las guitarras aparecieron! Gritó desgañitándose: Qué se haga el Rock!!! Y el Rock se hizo!!!!

Los fieles seguidores estábamos extasiados ante tan majestuoso recital. Todavía nos temblaba todo cuando nos mostraron el camino a seguir: el camino hacia el infierno, donde no hay nombres, no hay egos, no hay ni buenos ni malos, no hay mejores ni peores, simplemente hay Rock, y delante del Rock todos somos iguales; con un salvaje Highway to Hell certificaban que estábamos ante una de las mayores demostraciones de poderío, de fuerza y energía que nunca se hayan visto sobre un escenario. Y, como auténticos gladiadores en un circo romano, nos ofrecieron su saludo entre cañonazos y fuegos de artificio con el For Those About to Rock (We Salute You).

Ahora sí, con su bendición, nos pudimos ir en Paz.

The Priest is Back

Pensando en mi "vuelta" he recordado uno de los gritos de guerra de Rob Halford, cuando vuelve a una ciudad con sus Judas Priest y es lo que da título a esta entrada. Sácandolo a colación, me permite hablar un poco de música. No podía faltar.

Y es que éste va a ser un año de grandes conciertos y el primer plato fuerte tuvo lugar hace unos días, en el Palau Olímpic de Badalona, donde llegava el impresionante Priest Feast encabezado, lógicamente, por Judas Priest y bien escudados por Megadeth y Testament.

Por ahí siempre se pueden encontrar mejores crónicas de las que yo pueda hacer. Por lo que me lo ahorro. Simplemente quería comentar el hecho diferencial respecto a esas otras crónicas o, por lo menos, dar mi punto de vista en primera persona.

Y es que es bién sabido lo que significa la música para mi, una gran pasión. Y este fue uno de esos conciertos en los que uno se ve arrastrado, o se deja arrastrar, por la música. Judas es mi grupo favorito dentro del género y lo disfruté de manera impresionante. Tenía curiosidad por ver a Testament, incluso era una cuenta pendiente ver Megadeth, que hicieron un gran concierto. Pero, ya con Judas fue algo espectacular.

Después de tantos años mantienen la forma, clásico tras clásico, demostrando que son los Dioses del Metal. Llenos de energía y de fuerza. Llegando a un salvajismo extremo repleto de calidad en las afilidas guitarras de K.K. Downing y Glenn Tipton, con un Halford rejuvenecido rompiendo los timpanos con sus agudos y con Ian Hill y Scott Travis marcando el ritmo en un segundo plano. Desgarradores estilistas. Una apisonadora romántica del Heavy metal.

Fue un show increíble. La tercera vez que los veo en directo y de nuevo fue especial. En unos días algo movidos para mi fue como un paréntesis, como un olvidarse de todo. Y de que manera: disfrutando al máximo de la música, en directo y con uno de mis grupos favoritos. Sensación de plenitud, de goce total.

Tenía ganas de volver a hablar de música, pero tampoco me quería extender demasiado, ya que simplemente quería dejar constancia de uno de los momentos más importantes del año a nivel musical para mi, sin entrar en detalles técnicos ni aburrir con descripciones innecesarias. Sino expresando lo que significa para mi un acontecimiento de este calibre.

Es el segundo concierto del año. Y tampoco quería olvidarme del primero, algo que tenía pendiente. Un evento más modesto pero también de gran emotividad. Era de Letz Zep, grupo que rinde tributo a Led Zeppelin. Se dice de ellos que son los mejores que imitan a la gran banda británica. Y puedo dar constancia, por el crédito de ser lasegunda vez que los veo, que a día de hoy es lo más cerca que se puede estar de vivir en directo los grandes clásicos de Zeppelin.

Y digo emotivo porque Led Zeppelin es otra de esas bandas que ocupan un buen lugar en lo que yo denomino mi Olimpo musical particular. Al igual que con Judas, encuentro algo bueno en todas sus canciones, no puedo desechar nada. Más bien el contrario, ambas bandas me hacen sentir muchos sentimientos y emociones. A parte que a nivel musical su aportación en cuanto a calidad y cantitad es monstruosamente bestial.

Así que este concierto de Letz Zep también fue especial. Todo el concierto fue bárbaro. Pero si me tengo que quedar con un momento ése fue cuando pude cerrar los ojos, imaginando que escuchaba a los originales Plant, Page, Jones y Bonham. Unos instantes en los que enlazaron los temas Kashmir y Stairway to Heaven. Dos temas que ya de por si son grandiosos pero unidos consiguieron en mi una reacción de estremecimiento de las más grandes de mi vida.

He hablado de los dos primeros conciertos del año. Y en dos días se presenta otra de las grandes citas. Llegan a Barcelona los australianos AC/DC, una de las giras más esperadas de los últimos años, bien acompañados por The Answer. Hay muchísimas ganas de su Rock clásico y no hace falta ser muy avispado para poder asegurar ya que será una nueva gran velada.

Ahora sí. Puedo decir que he vuelto del todo.